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El Barroco también es latinoamericano - por Rosa Maza

París – 31 de julio de 2026

Últimos días de “Esplendores del Barroco” en el lujoso museo parisino Jacquemart-André.


Las bodas de Cana
Las bodas de Cana

La coqueta edificación del siglo XIX, realizada durante la reconstrucción parisina de Haussmann, es sede de una magnífica exposición que exhibe las obras de los grandes maestros españoles como Ribera y Velázquez, y que, a su vez, dedica más de una sala al Barroco latinoamericano. 



La conquista española produjo profundas transformaciones en la sociedad americana. La cristianización de los pueblos trajo consigo una nueva iconografía aplicada al arte, fundamental para difundir la flamante religión. La nueva sociedad, a pesar de haber adoptado el idioma y la religión del poder, deslizó su resistencia cultural de manera subterránea, gracias al uso de materiales autóctonos y a la realización de motivos que representaban la flora y la fauna del continente. Este desdoblamiento hace del Barroco americano un movimiento con identidad propia, profundamente original. 



La muestra expone obras como Huida a Egipto, de la prestigiosa escuela cuzqueña, y Las bodas de Caná, del mexicano Nicolás de Correa, que dan cuenta de esta hibridación que se apropia de la temática religiosa, sin renunciar a sus tradiciones artísticas. El enconchado –técnica que consiste en incrustar nácar sobre la superficie pictórica–, el uso del dorado y los coloridos intensos confieren a nuestro barroco una luminosidad inusitada. Asimismo, la ruptura con la tradición europea de la perspectiva da lugar a composiciones completamente novedosas.



Es que los latinoamericanos “devoramos” la cultura occidental y, tras asimilarla, repensamos una síntesis que combina la herencia precolombina y la negritud con la influencia europea: la antropofagia brasileña probablemente sea uno de los mejores ejemplos de este proceso. Pero la Argentina también reinterpreta lenguajes nacidos en el hemisferio norte para hablar de su propia realidad. Pensemos, por ejemplo, en los artistas del Di Tella: Oscar Bony presenta La familia obrera en clave performática o Marta Minujín, nuestro gran ícono pop, junto a Rubén Santantonín, se apropia de la lógica del happening, llenando de referencias de la vida cotidiana de los porteños a su eterna Menesunda



Del “centro” a la “periferia”: movimientos, lenguajes, técnicas, estilos y temáticas se desplazan en todas las épocas. Pero ¿qué sería del cubismo sin las máscaras africanas, del impresionismo sin la estampa japonesa o del surrealismo sin las cosmovisiones y la iconografía de los pueblos indígenas americanos? La historia del arte nunca viaja en una sola dirección: se construye a partir de cruces, intercambios, apropiaciones y resignificaciones constantes.



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