Recuerdos que inundan la sala: La muestra de Thelma Agustina Martinelli - por Agustina Valentini
- Hijas Del Arte

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En estos días fuí a ver la muestra “El agua amaneció dolida” del Anexo del Museo Municipal de Arte Moderno de Mendoza (MMAMM) donde la artista Thelma Agustina Martinelli nos invita a entrar a su mundo con su primera muestra individual.

Desde un principio, la sala se siente más suave, como si fuera hecha para ir lento y, de alguna forma, simplemente estar. El título de la exposición ya marca el tono. Hay una intimidad casi solitaria que recorre todo. La primera obra es una cerámica en donde la artista nos comparte una historia con su abuelo,en ese relato es donde por momentos uno se siente casi un intruso dentro de algo que parece ser muy personal. La muestra gira alrededor del agua, por momentos protagonista, por momentos excusa para mostrar los recuerdos que ella nos comparte. El fluir es una sensación que aparece en las obras, en el espacio y en el recorrido.
Algo importante para entenderla es que Agustina no trabaja, en esta oportunidad, solo con pintura. En su intento por volver a reconciliarse con sus procesos creativos, encontró en la cerámica un camino nuevo. Las obras de esta muestra, parecen traer eso a la superficie, son recuerdos, emociones, cosas que estaban guardadas. La mayoría de las piezas son cerámicas pintadas, como los platos que recuerdan al comedor de sus abuelos. Al verlos, es fácil pensar en una casa antigua, en una mesa familiar; y en su interior estos platos nos revelan historias, muchas autobiográficas, de amigos o ficcionadas.
En su caso, esos platos funcionan casi como una forma de viajar en el tiempo. Es como si, a través de ellos, pudiera volver a la casa de sus abuelos o a su tierra y a escenas de su infancia. Y lo interesante es que, aunque esos recuerdos son de ella, en sus obras ella nos los presenta sin contarnos todo, pero también uno se puede enganchar y reflejarse con sus propias experiencias. En el centro casi protagonista encontramos una escultura colgante en cerámica que evocan ser ramas muy frágiles que están flotando suspendidas tratando de llegar a una superficie, con un gran juego de sombras pareciera ser que esta obra guarda la esencia de toda la exposición. La muestra tiene ese carácter de recordar algo lindo sabiendo que ya pasó; atraviesa las obras, el espacio y también los vacíos.
La propuesta de montaje ayuda mucho a construir ese clima. Las pinturas también tienen mucho de la fotografía, y parecen como instantes congelados no precisan de colores muy saturados y trabajan con la cantidad justa de elementos y una paleta reducida al azul, verdes y grises, para hacernos entrar en su mundo, las obras están dispuestas de una forma que acompaña el recorrido, casi en una línea de horizonte tranquila, donde todo parece en ponerse pausa y, al mismo tiempo, fluir. A eso se suma el texto curatorial de Mariel Matoz, que va en la misma dirección y termina por cerrar todo el proyecto y también algo más sutil pero clave cuando fui a la visita guiada hablamos mucho de cerámica, de cómo se crea colectivamente, de cambios y de sostener procesos y me quedé luego a escuchar musiquita y piano todo suave y chill, y pensé que todo junto generaba una especie de paz muy justa para el momento. Más que entender cada obra por separado, lo que importa es la sensación general. Es una muestra que invita a bajar un cambio y a conectar con cosas simples: las emociones y los vínculos. Quizás eso sea lo mejor de la muestra: solo hay que dejarse llevar y permitir que el agua, de a poco, limpie algo por dentro.

Sobre la artista
Thelma Agustina Martinelli es artista visual y docente, egresada de la Facultad de Arte y Diseño de la Universidad Nacional de Cuyo (UNCuyo). Nacida en San Carlos, Mendoza, desde 2018 participa activamente en talleres, charlas y encuentros con artistas, gestoras e historiadoras del arte de la escena local. A partir de 2019 forma parte de ferias, clínicas y talleres de arte, además de exposiciones individuales y colectivas. Entre 2018 y 2020 realizó tareas de gestión cultural junto a diversos colectivos de artistas, y entre 2019 y 2024 trabajó en el Área de Producción del Museo Municipal de Arte Moderno de Mendoza. Su obra se ancla en la nostalgia que dejan las personas, los momentos, los espacios y los objetos que permanecen latentes en la memoria afectiva.





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