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Allí, entre los surcos


“Fuera de lugar”, la exposición de Martí Cormand (1970) en Espacio Mínimo, se construye a partir de una paleta de colores desgastada y un hiperrealismo minucioso. Las obras, realizadas entre 2025 y este mismo año, alternan el gran y el pequeño formato y combinan óleo y grafito sobre distintos soportes: madera, cartón, papel, lienzo o incluso la portada de un libro. Entre sus reiteradas citas a la historia del arte aparece sutilmente una preocupación constante en la obra del artista: los desplazamientos, las mudanzas y las migraciones.


Martí Cormand - Fuera de lugar (vestige 2). 2026. Óleo sobre lino. 32,4 x 36,7 cm
Martí Cormand - Fuera de lugar (vestige 2). 2026. Óleo sobre lino. 32,4 x 36,7 cm

La exposición parte del concepto de lo infra leve, formulado por Marcel Duchamp. Un concepto bellísimo que alude a esos fenómenos casi imperceptibles que no se pueden medir ni pesar, solo experimentar brevemente a través de los sentidos: el polvo suspendido en un rayo de sol, el vapor de la voz en invierno, el surco en la alfombra que deja la pata de una mesa. Las obras de Cormand se detienen justamente en esas presencias mínimas: los vestigios, aquello que permanece cuando algo ya no está. El artista dibuja y pinta con una precisión casi fotográfica, jugando con el ilusionismo (o trampantojo), pero aquello que vemos siempre aparece incompleto, roto o ausente.




Cinco años atrás, Liliana Porter (1941), artista argentina radicada en Nueva York, también expuso en Espacio Mínimo. Influenciada por Jorge Luis Borges y René Magritte, lleva décadas explorando los límites que separan la realidad cotidiana del mundo de la ilusión. En 1973 presentó Untitled (nails) en el MOMA, donde serigrafió clavos y sus sombras sobre una pared y los conectó con hilos reales a clavos fijados al suelo, generando una continuidad entre el espacio real y el espacio virtual. En Fuera de lugar (vestige 2) (2026), Cormand pintó la huella que deja una obra al ser retirada: una pared vacía con un clavo solitario en el centro. Ambos trabajan sobre preguntas cercanas, pero desde lugares distintos: Porter trabaja la tensión entre realidad e imagen, ambas presentes, conviviendo, compitiendo. Cormand, en cambio, se pregunta qué queda cuando lo real desaparece. Tal vez un surco.



Liliana Porter- Sin título (clavos). 1973. Serigrafía, cuerda y clavos. Dimensiones variables.
Liliana Porter- Sin título (clavos). 1973. Serigrafía, cuerda y clavos. Dimensiones variables.


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