"Me atrae continuar explorando dispositivos que amplíen la participación y la implicación del público" - Entrevista a Melisa Rolón
- Hijas del Arte

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Melisa Rolón es licenciada en curaduría de artes y docente, se desempeña en el campo cultural desarrollando proyectos expositivos, residencias y laboratorios de obra. Su práctica articula identidad, memoria y territorio como ejes curatoriales. Actualmente coordina espacios de formación y acompaña procesos artísticos contemporáneos.

HDA - ¿Cuáles son tus intereses dentro del campo curatorial?
MR- Me interesa trabajar en proyectos atravesados por la identidad y por las formas en que construimos y disputamos nuestras memorias, especialmente cuando dialogan con contextos y comunidades específicas. Pienso esos procesos no como archivos cerrados, sino como tramas vivas, en movimiento, capaces de desarticular relatos y abrir nuevas maneras de narrarnos colectivamente. En esa línea, busco ampliar el horizonte desde el cual pensamos quiénes somos, habilitando miradas múltiples, sensibles y situadas.
Entiendo la práctica curatorial como un ejercicio de escucha y de construcción compartida. Me atraviesa la idea de la democratización de la cultura y la posibilidad de comprender cada proyecto como un campo de acción, donde las prácticas artísticas se ponen en relación con realidades concretas y generan intercambios significativos.
La escritura ocupa un lugar central en mi trabajo y se entrelaza con la dimensión espacial como parte de un mismo gesto narrativo. No la concibo únicamente como marco conceptual, sino como un espacio de exploración donde puedo ensayar tonos, ritmos y desplazamientos. Del mismo modo, pienso el montaje como una narrativa que se despliega en capas y acompaña el recorrido del espectador.
En ambos planos me permito jugar con quien está del otro lado, explorando distintos formatos que desacomodan la lectura tradicional del texto curatorial y amplían las formas de encuentro con las obras.

HDA - Como docente de secundaria, ¿Qué dificultades o incentivos identificás al momento de transmitir la práctica curatorial a adolescentes?
MR- Trabajo dentro de la ESEA N.º 1 Orfilia Pérez Román, una escuela secundaria especializada en artes de gestión pública ubicada en el conurbano de la provincia de Buenos Aires. Ese contexto es clave, lxs estudiantes con quienes comparto el aula (de entre 17 y 18 años) llevan muchos años formándose en lenguajes artísticos, lo que genera una afinidad profunda con la cultura y una sensibilidad ya entrenada.
En ese sentido, más que enfrentar desinterés, el desafío está en acompañarlxs a profundizar en dimensiones más teóricas como la investigación, la conceptualización y la construcción de una mirada propia. Trabajar en una institución pública con estas características también implica reconocer y cuidar estos espacios, que no solo enseñan técnicas sino que habilitan experiencias de pensamiento crítico y creación sostenida en el tiempo.
Pienso la docencia como una expansión de mi práctica curatorial. En ambas, la escucha es central. Las instancias teóricas conviven con el debate, el intercambio y el trabajo colectivo, entendiendo que la curaduría no es solo un contenido, sino una forma de organizar sentidos y tomar posición. Mi intención es que puedan apropiarse de esas herramientas no únicamente para atravesar una materia, sino para gestionar sus propios proyectos y comprender de qué manera pueden actuar en los contextos en los que se desarrollen.

HDA - Te desempeñás como profesional en Fundación Kunayan, ¿Qué responsabilidades tenés a tu cargo?
MR- En Fundación Kunayan me desempeño como curadora del área de Artes Visuales. Mi rol implica el diseño conceptual de los proyectos expositivos, la selección y el acompañamiento de artistas, así como la construcción de los marcos narrativos que articulan cada propuesta. Participo activamente en el desarrollo de las residencias artísticas de la fundación, acompañando los procesos de investigación y producción de quienes transitan esos espacios.
Además, coordino el Laboratorio de Artes Combinadas y ARDE, un laboratorio de prácticas artísticas y curaduría en territorio. Estos espacios funcionan como plataformas de experimentación y acompañamiento, donde se cruzan investigación, producción y reflexión colectiva. Allí el trabajo no se limita a la exhibición final, sino que pone el foco en los procesos, en el intercambio entre participantes y en el vínculo con los contextos donde las propuestas evolucionan.
También formo parte de los desarrollos de planificación y gestión cultural, trabajando en la articulación entre la programación artística y los objetivos institucionales. En ese entramado, mi trabajo busca sostener condiciones para que cada proyecto encuentre su forma, su tiempo y su sentido dentro de la institución.

HDA - ¿Qué territorios creativos tenés pendientes por explorar dentro de la curaduría?
MR- No sé si tengo una respuesta completamente cerrada para esta pregunta. Más que pensar en territorios pendientes como metas definidas, lo que me interesa es seguir preguntándome de qué manera puede expandirse la práctica curatorial.
Si hay algo que sí tengo claro es que me gustaría profundizar en una dimensión más lúdica de la experiencia artística, corrernos de ciertos modos solemnes o previsibles de exhibición y explorar el arte como un espacio de encuentro más abierto. Me interesa pensar la muestra casi como una plaza, un lugar común donde distintas personas puedan habitarla desde experiencias diversas (encuentro, debate, risa, ironía, contemplación) sin que haya una única forma correcta de transitarla.
En ese horizonte, me atrae continuar explorando dispositivos que amplíen la participación y la implicación del público, entendiendo el arte como un lugar de convivencia y construcción colectiva más que como una experiencia cerrada.





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