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Mi Amor por Fernanda Laguna - por Jana Fanjul

Un día le dije “Te amo, Fer” en la inauguración de una de sus muestras y ella me abrazó fuerte. La siguiente vez que la vi fue en una cena privada. Le pregunté: “¿Me puedo sacar una foto con vos?” y me respondió: “Ay sí, obvio”.


Jana Fanjul y Fernanda Laguna
Jana Fanjul y Fernanda Laguna

Hay personas que una admira por su obra y otras que, además, ofrecen un horizonte. Fernanda, o mejor dicho, su producción artística, literaria y activista, hizo eso en mí. Me enseñó que hay que desculturalizar la cultura. Es decir, revisar todo aquello que damos por naturalizado cuando en realidad muchas veces está sostenido por exclusión, desigualdad y violencia simbólica.


En países preciosos y dolidos como el nuestro, Argentina, durante años se importaron modelos culturales extranjeros que no siempre funcionaban acá. Modos de legitimar, de mirar, de circular, incluso de hablar. Fernanda aparece para mí como una gestora que cura lo social. Alguien que desarma imaginarios hegemónicos para activar la conversación pública, el deseo y la comunidad.


Uno de los videos en Youtube que más recuerdo es el testimonio de una mujer hablando del impacto que significó la llegada de Belleza y Felicidad a Villa Fiorito. Contaba que antes sentía que el arte era para otra clase social, que no se lo merecía, que no pertenecía. Tampoco sabía nada de feminismo, ni que podía salir de su casa, ni que no tenía por qué esperar encerrada a su marido. Y de pronto aparecieron talleres de skin care, muestras colectivas, encuentros en casas de cemento. ¡Cuánta creatividad! El arte definitivamente sirve para alegrar el corazón.


Porque en Latinoamérica importa mucho la praxis. Aprendemos desde la práctica, menos desde la teoría, o quizás teorizamos después de hacer. Vamos al revés del orden académico, y eso me gusta.

Porque en Latinoamérica importa mucho la praxis. Aprendemos desde la práctica, menos desde la teoría, o quizás teorizamos después de hacer. Vamos al revés del orden académico, y eso me gusta. En Fernanda veo un lenguaje en movimiento porque conversa, expone, escribe, difunde fanzines, abre espacios, los cierra, promueve artistas, amigxs, escenas. Su trabajo no está quieto, sino que circula.


Trabaja desde la vulnerabilidad y desde el problema. Pienso que podría dialogar con Donna Haraway y esa idea de quedarse con el problema, habitarlo para crear nuevas formas de coexistencia. Fernanda muestra miserias, tristezas, precariedades y las sublima en alegría. Recuerdo leer que quería ser una artista conocida por su felicidad. ¡Qué gesto radical! Sobre todo en una época donde el sufrimiento y la ansiedad cotizan alto.


También me gusta que valore la amistad. El proyecto que empecé en 2018, Hijas del Arte, existe hoy gracias a mis amigas, Victoria Storni, Victoria Acosta (o las Victorias, como me gusta llamarlas) y Karina Otranto Bavio, a quienes les agradezco el mundo entero por quedarse, por trabajarlo, por quererlo tanto como yo. Esa pequeña hija ya está creciendo, en años, en conocimiento, hasta incluso viaja. Conoció Madrid, Berlín, París, el Mediterráneo italiano. También recorrió Argentina, San Juan, Mendoza, Corrientes, Córdoba, Santa Fe, Neuquén. Qué lindo ver algo sano vivir su vida con plenitud.


Tal vez por eso me toca tanto Fernanda. Porque entendí que algunas artistas no solo hacen obra, habilitan posibilidades. Dan permiso. Muestran que se puede construir una forma propia, aunque no encaje en los moldes existentes. Que se puede mezclar gestión con sensibilidad, pensamiento con amistad, profesionalismo con intuición.

En el fondo creo que me siento espejada por su espíritu inspirador. Me inspira y me gustaría que eso, en algún momento de la vida, me suceda a mí también. Ser fuente de inspiración para otros. Nada de fama ni pedestales, sino inspiración. Que alguien se anime a hacer algo porque me vio hacerlo.


Fui a ver su retrospectiva en el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA), “Mi corazón es un imán”, y me impresionó muchísimo ver reunido su trabajo como artista y como gestora cultural. Ahí aparece un universo entero finamente pensado, finamente sufrido y alegre. Sentí algo raro y hermoso. Me volví niña, o quizás hice las paces con mi niña interior, esa que siempre pide cariño, brillo y juego.


Mi corazón es un imán, Fernanda Laguna, MALBA 2026
Mi corazón es un imán, Fernanda Laguna, MALBA 2026

El arte contemporáneo, cuando está vivo, tiene algo queer en el sentido de que deconstruye identidades fijas, impugna normas heredadas, resiste sistemas obligatorios. Pregunta quién puede hablar, quién puede mostrarse, quién puede crear belleza.


Mi corazón es un imán, Fernanda Laguna, MALBA 2026
Mi corazón es un imán, Fernanda Laguna, MALBA 2026

Eso aprendí mirando el trabajo de Fernanda Laguna, a quien sigo desde hace unos siete años. Son pocos, pero profundicé tanto en entrevistas, libros, videos y exposiciones que siento que conozco una parte importante de su mundo. Aunque su producción es tan vasta que no me alcanza esta vida para verlo todo.


Y quizás ahí está una de las mayores enseñanzas que aprendí de ella. No esperar para crear comunidad. Hacerla con lo que haya. Con amigas, con restos, con deseo, con brillo, con problemas. Hacerla igual.


¡Te amo, Fer!


Escrito por Jana Fanjul


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