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En caso de emergencia, visite otros mundos - por Candelaria Resossi

  • hace 8 horas
  • 2 Min. de lectura


En el quinto piso del Palacio de Cibeles, Madrid, dentro de CentroCentro, se presenta Wunderkammer, la exposición más reciente de la artista valenciana Ana Juan. Su nombre remite a los antiguos gabinetes de maravillas y reúne obras realizadas en su mayoría durante el último año, articuladas en torno a una idea que sostiene el conjunto: el pacto ficcional. En un presente saturado de imágenes, de scrolling infinito y de tener que distinguir constantemente qué es verdad y qué no, la artista nos invita a un universo en el que todo es ficción y que podemos recorrer sin la presión de tener que descifrarlo. “En esta Wunderkammer no hay explicaciones, basta con sentir", se lee en la primera sala. Y es un alivio: no queda más que entregarse.



El dibujo, lenguaje que caracteriza toda su trayectoria, convive con esculturas de pequeño tamaño (que rozan lo tierno y lo creepy) y con animaciones realizadas junto al director de cine Andrés Sanz (algunas proyectadas a través de orificios en una pared, una decisión curatorial particular). Este universo ficticio se sostiene en un virtuosismo técnico que atraviesa cada pieza: figuras híbridas, animales fantásticos y ¿máscaras? conforman un bestiario personal que pide tiempo. Al detenerse en cada una de las obras, las asociaciones y referencias se despliegan: láminas enciclopédicas, ilustraciones botánicas, cuentos infantiles, aunque casi siempre aparece una sensación de extrañeza que roza lo siniestro.



En este punto, no pude evitar ver un eco de nuestra tradición fantástica argentina. Pienso, por ejemplo, en Mildred Burton, pintora, dibujante y grabadora, cuya obra llena de personajes y escenarios extrañísimos fue influenciada por la literatura fantástica y los cuentos populares infantiles. La presencia de lo fantástico aparece también en artistas contemporáneas como Verónica Gómez, Ornella Pocetti, Jimena Lacerna y Loló Bonfanti, entre tantas otras. "Es la manera de lidiar con la extrañeza del mundo", le explicó Pocetti a la revista MALEVA. Y tal vez sea un buen momento para recordarlo: el arte también puede ser ese gabinete de maravillas al que acudir cuando la realidad se vuelve insoportable.




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