Trabajar desde realidades muy distintas, pero con desafíos comunes - Entrevista a Marina Cisneros
- Hijas del Arte

- hace 2 días
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Marina Cisneros Artista visual, gestora y productora cultural radicada en Neuquén. Dirige Plataforma RARA, espacio dedicado a la formación, difusión y profesionalización en fotografía artística contemporánea. Es cofundadora de Red Cuero Patagonia y trabaja en proyectos pedagógicos y de articulación cultural desde una perspectiva territorial.

HDA - Más allá de la formación, ¿qué vínculos o alianzas federales sentís que se consolidaron tras tu paso por el programa FEDERAL en 2024?
M.C. - Mi paso por FEDERAL consolidó algo que para mí es fundamental: la posibilidad de pensar la gestión cultural como una práctica situada, pero en diálogo con otras escenas del país. Lo más valioso fue el entramado de vínculos que se abrió con artistas, gestores, curadores e instituciones que trabajan desde realidades muy distintas, pero con desafíos comunes.
En mi caso, esos vínculos reforzaron una convicción que ya venía trabajando desde Plataforma RARA y desde Red Cuero Patagonia: la necesidad de construir alianzas que no dependan únicamente de los grandes centros de circulación, sino que puedan activar proyectos, lecturas y posibilidades desde los propios territorios. Creo que FEDERAL permitió reconocer que muchas veces las escenas locales ya tienen potencia, pensamiento y deseo; lo que necesitan son mejores condiciones de conexión, visibilidad y continuidad.
HDA- Con la perspectiva que dan estos dos años, ¿cómo sentís que ha madurado la escena artística neuquina desde aquel proyecto federal?
M.C. - Siento que la escena artística neuquina viene ganando densidad. Hay más artistas pensando su práctica con herramientas profesionales, más conciencia sobre la importancia de escribir, armar portfolio, formular proyectos y poner la obra en circulación. También hay una conversación más activa sobre el lugar de Neuquén y de la Patagonia dentro del mapa del arte contemporáneo argentino.
Para mí, ese crecimiento no tiene que ver sólo con producir más, sino con poder nombrar mejor lo que se produce. Cuando una escena empieza a construir sus propias lecturas, sus propios diagnósticos y sus propias formas de colaboración, aparece otra madurez. Neuquén tiene una potencia enorme: artistas con obra, instituciones activas, espacios independientes, redes en construcción y una mirada territorial muy fuerte. El desafío es seguir articulando todo eso para que no quede disperso.

HDA- Tu actividad en redes refleja un ritmo de trabajo intenso. ¿Cuáles son esas iniciativas o colaboraciones que están marcando tu hoja de ruta actualmente?
M.C. - Actualmente mi hoja de ruta está atravesada por varios frentes que se conectan entre sí. Por un lado, el trabajo de Plataforma RARA, donde seguimos desarrollando programas de formación, clínicas de obra y herramientas de profesionalización para artistas visuales. Me interesa mucho acompañar procesos donde la obra pueda ordenarse, pensarse conceptualmente y encontrar mejores estrategias de circulación.
También estoy trabajando en proyectos vinculados a la gestión cultural en territorio, tanto desde Red Cuero Patagonia como desde colaboraciones con instituciones, municipios y espacios de arte. En los últimos años me enfoqué mucho en pensar cómo se construyen condiciones reales para que los artistas puedan profesionalizarse sin tener que trasladar simbólicamente toda su validación hacia Buenos Aires.
Mi trabajo actual cruza formación, curaduría, escritura, producción cultural y articulación institucional. A veces parece mucho y creo que lo es, pero en realidad responde a una misma pregunta: cómo generar estructuras para que las prácticas artísticas puedan sostenerse, circular y crecer desde nuestros contextos.
HDA- ¿Qué mensaje o consejo le darías a quienes hoy están intentando activar proyectos culturales en sus propios territorios para que se animen a dar ese salto?
M.C. - Les diría que no esperen a tener el mapa completo para empezar. Muchas veces los proyectos culturales nacen en condiciones imperfectas: con pocos recursos, con dudas, con cansancio, con falta de infraestructura. Pero si hay una lectura clara del territorio, una necesidad concreta y una red mínima de personas dispuestas a sostener el proceso, ya hay un punto de partida.
También les diría que activar un proyecto cultural no significa hacerlo todo en soledad. Al contrario: uno de los aprendizajes más importantes es construir alianzas. Hablar con otros espacios, con artistas, con instituciones, con gestores, con la comunidad. Un proyecto se vuelve más fuerte cuando deja de ser solamente una idea personal y empieza a encontrar resonancia en otros.
Y, sobre todo, les diría que confíen en el valor de lo que ocurre en sus territorios. No como una consigna romántica, sino como una estrategia concreta. Hay pensamiento, obra, deseo y conocimiento por fuera de los centros tradicionales. El salto no siempre es irse: muchas veces el salto es animarse a construir desde donde una está.





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