"Colaborar con las reflexiones de la época" -Entrevista a Gachi Rosati por Evelyn Sol Marquez
Gachi Rosati es artista visual y trabaja principalmente a partir de la pintura, la reproducción y los modos en que las imágenes construyen y transmiten la historia. Su investigación aborda la representación de las mujeres artistas y su lugar —o su ausencia— en los relatos tradicionales de la historia del arte. Recupera autorretratos de pintoras de distintas épocas reinterpretándolos y poniendo en tensión memoria, archivo, oficio y representación.

E.S.M- ¿Cómo empieza tu investigación en relación a las mujeres artistas de la historia del arte?
G.R- En parte con el trabajo Trompe l'oeil que realicé en 2012 en la ciudad de Leipzig, en Alemania del Este, en el marco de una residencia. Era una suerte de instalación de pinturas, donde buena parte estaba pintada sobre las paredes del museo. El trabajo tenía que ver con que cuando llegué a Alemania, preguntaba siempre cuáles eran las artistas alemanas, pedía que me dieran referencias, y me sorprendió que cuando hacía esa pregunta, en vez de responderme por el nombre de una artista, me nombraban a las Venus.
Cuando era estudiante de la universidad todavía no estaba esta perspectiva de género de la historia del arte. Y ya en ese entonces estaba haciendo esta pregunta que no tenía demasiadas respuestas. Sólo se hablaba de la mujer como musa.
Me di cuenta de que había cierta incomodidad en la representación de la mujer como productora, como pintora, algo que más adelante se empieza a responder de una mejor manera a partir de una historiografía de historiadoras con cierta perspectiva de género, como Griselda Pollock.

E.S.M- Trabajas con la técnica de la grafopintura, ¿en qué consiste?
G.R- Es una especie de intermedio entre un grabado y una pintura, una técnica de reproducción manual en donde intenta copiar un error gráfico o un error técnico de un sistema de representación.
También hice simplificaciones con los retratos de las mujeres pintoras, con pinturas de distintos estilos del siglo XIII al XX. Elegí diez autorretratos, los simplifiqué en sus formas como si fuera una gráfica, y al mismo tiempo tienen un procesamiento como si fuera una impresión de los años 60, con imperfecciones gráficas, y eso lo llevo a una pintura de gran escala.
Yo defiendo un montón el oficio de la pintura, es lo que más me gusta hacer, por eso a veces llevo un poco al extremo todo lo que se procesa entre la mente, los ojos y la mano cuando se realiza algo, y el juego interesante se hace en procesarlo en el cuerpo.

E.S.M- Una de tus series más relevantes es la de “Ver la diferencia”, autorretratos de mujeres pintoras que se representaban a sí mismas pintando, ¿de dónde viene el título de “Pinte ud”?
G.R- Fue una publicación española que trabajaba con esta enunciación de la modernidad donde intentaba, a través de fascículos y publicaciones, explicar de una manera bastante didáctica la pintura. Lo que tenía de gracioso para mí era que la revista estaba más abocada a la mujer ama de casa, y que a la pintura la tomaba más que como una profesión, como un hobby, un pasatiempo. La elijo porque me gustaba su enunciación, haciendo hincapié en todas estas imágenes que yo siento de corazón que la historia del arte nos había negado a historiadores y artistas. Aparece el símbolo de la mujer como productora, en esos autorretratos que son documentos fervientes realizados por ellas, con la visión que ellas tenían de sí mismas, donde además se reproducen pintando.
En nuestros archivos tenemos todos los autorretratos de los grandes maestros y no tenemos los de las grandes maestras. Reflexionaba sobre qué pasa con el símbolo de la mujer, que siempre es la Venus, la libertad, estas representaciones típicas, pero en el momento que aparece como productora, no entra en el discurso.
La muestra venía acompañada por un texto en donde me parecía interesante no destacarlas por ser víctimas de género, sino por cómo, en algún punto, su condición había molestado e interferido en el desarrollo de ellas como trabajadoras. Me interesaba verlas como trabajadoras.
La primera de ellas era Elizabeth Vigée Lebrun. Imaginate lo importante que fue que es una de las primeras mujeres permitidas en la Academia francesa, que llega a ser la pintora de corte de María Antonieta, y casi toda la documentación que conocemos de Maria Antonieta es gracias a ella. Estamos hablando del siglo XVIII, no es tan antigua. Ella tiene un autorretrato impresionante que se conocía muy poco. La National Gallery de Londres lo sacó a exhibición hace muy poco.
Ahí trabajo con la simplificación, la síntesis. Son pinturas de 2 metros por 1,50.

E.S.M- Estas artistas también se retrataban en el rol docente, con sus alumnas al lado. Era muy importante la imagen que daban de sí mismas, inspiradoras para otras mujeres acerca de que sí se podía vivir del arte
G.R- Si, ¡qué lindo eso! La última imagen era para mi el contrapunto, la había sacado de una ilustración periodística de 1916 de una sufragista, Marie Richardson, de origen canadiense, que entra a la National Gallery de Londres y ataca la pintura “La venus del espejo” de Velásquez. Con esto no quiero hacer para nada apología de la destrucción de las obras de arte, que es un tema bastante actual, todo lo contrario.
Con la serie de Pinte ud. me pareció interesante decir qué pasa con estos archivos, estos documentos que generalmente no se difunden y que no se termina de comprender qué le pasó a esta mujer para llegar a semejante estado. Yo quería entender qué había pasado, me parecía muy intrigante. Se venía una época muy complicada para conseguir el voto femenino y para mí este era un símbolo completo, en donde se ve a la mujer entrando a una escena, que yo modifico y simplifico, donde hay un montón de guardias de seguridad intentando impedir que ella destroce la pintura, que termina siendo dañado en la zona de la espalda y los hombros de esa Venus.
Muchas personas me dijeron que en mi pintura, el cuchillo parece más un pincel. La técnica tiene un desfasaje, podría haber sido parte de una ilustración de revista antigua con un desfasaje de colores, de registro, con errores técnicos en el entintado. Siempre estoy pensando qué hubiera pasado si estas versiones apócrifas que hago, esas representaciones de las mujeres como pintoras hubieran llegado en el momento en que nosotras éramos estudiantes. ¿cómo hubiera sido la resonancia?

E.S.M- Aprendí mucho gracias a tus obras de artistas que jamás aparecieron en las historias del arte tradicionales y que fueron silenciadas durante mucho tiempo, obras que fueron en muchos casos atribuidas a sus parientes, o a otros artistas hombres. Sus nombres se fueron diluyendo con el paso del tiempo, siendo que en su época les iba muy bien comercialmente y en muchos casas lograron ser muy exitosas
G.R- Eso fue impresionante, que en su época hayan llegado a ser personas destacadas y después la historia del arte las excluyó. Por eso me parece interesante preguntarse cómo se construyen, cuál es la tarea del artista. Yo creo que siempre es reflexionar, colaborar con las reflexiones de la época, ser parte y es por eso que me interesa pensar estas relaciones con las imágenes, las reproducciones manuales y la historia.

El trabajo de Gachi Rosati propone, así, volver sobre las imágenes para preguntarnos qué historias cuentan y, sobre todo, cuáles quedaron afuera. Al recuperar a estas mujeres como artistas y trabajadoras, sus pinturas no sólo restituyen nombres y rostros: también ponen en evidencia los mecanismos que determinaron quiénes merecían ser recordados. En ese gesto de revisar, reproducir y volver a pintar, Gachi encuentra una manera de intervenir en la historia del arte y de abrir nuevas formas de mirarla.
Entrevista realizada por Evelyn Sol Marquéz





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