Diego Perrotta, MataSiete y la educación artística



Entrevistamos al groso de Diego Perrotta, artista visual que realizó la famosa tapa del disco "3er Arco" de Los Piojos. Nos contó su experiencia, cómo fue creciendo como artista y su opinión sobre la educación.


¿Qué opinás sobre la educación artística? ¿Son indispensables la academia, las residencias, las becas?

Se pueden tomar diferentes puntos de partida. Hay quienes se forman en las academias, en las escuelas, pero también hay otros recorridos. En lo personal yo soy un artista que se fue haciendo de a poco, no tengo un recorrido con un camino académico. Sí me pasó de muy chico sentir que pensaba en las artes visuales, esencialmente en la pintura, yo me defino como un pintor. Obviamente soy un tipo inquieto que hace muchas otras cosas, voy agarrando los soportes y las ramas de las visuales según lo que quiero decir. Vengo dibujando desde antes de la secundaria pero nunca pensé que iba a ser artista. Cuando dibujaba encontraba mi lugar. Siempre fui muy inquieto, y cuando dibujaba me tranquilizaba, observaba, me interesaba ver dibujos también de otras personas. Más de grande ir a muestras, ese ámbito. Cuando te empezás a proyectar a pensar a qué te vas a dedicar, justo surgió la posibilidad de ir un taller de pintura por el bajo Flores, cerca de Liniers por donde vivía, de Héctor Tessarolo un pintor italiano. Llevé mis dibujos y me encantó. Era el más chico, alrededor de 15-16 años. Era como una clínica, te anotabas en una lista a medida que iban llegando y te daba su devolución. También se analizaba de forma grupal, se opinaba sobre los aciertos los errores, todas cosas que me ayudaron mucho. Era importante porque Héctor era el discípulo de Demetrio Urruchua que hoy podemos ver trabajos de él en las cúpulas de Galerías Pacífico, junto con Berni, Colmeiro, Castagnino, el grupo de muralistas argentinos. Urruchua también fue un artista autodidacta.


Cuando le digo a Héctor que estaba pensando entrar a la Prilidiano Pueyrredón me dice “¿estás seguro? ya tiene ud. una imagen bastante lograda y quizás la academia lo unifique, con su método de enseñanza, no se va a fondo en la personalidad de cada artista”.

Entonces en esa edad muy rebelde de la secundaria, encontré un lugar donde quería estar. Esperaba al sábado para ir ahi. Se fue transformando en una pasión. Cuando le digo a Héctor que estaba pensando entrar a la Prilidiano Pueyrredón me dice “¿estás seguro? ya tiene ud. una imagen bastante lograda y quizás la academia lo unifique, con su método de enseñanza, no se va a fondo en la personalidad de cada artista”. Y me dobló la apuesta diciendo “usted ya no tiene que venir más. Ya vino dos, tres años acá. Ya tiene que trabajar solo. Si quiere venga algún día para consultar pero nada más”.

Y la verdad que la academia no te hace artista. Primero está la necesidad del hacer. Es importante disfrutar del proceso, qué es lo que te interesa.

El formato de residencias es otra manera que se encontró para generar otros tipos de experiencias. Es para gente muy joven en la mayoría de los casos. Te da la posibilidad de viajar, de vincularte con otros artistas. Lo veo como una posibilidad más. Como los subsidios, las becas, o trabajar en la docencia.


-Cuando dijiste “quiero vivir del arte” ¿Pensaste en vender tus obras?

No, primero entré a laburar en una empresa y con eso fui comprando materiales y trabajaba a la noche en los momentos libres. No conocía a nadie, no tenía plata. Primero pensé en ir a muestras, mandar a concursos (que siempre me rechazaban al principio) hasta que fui conociendo gente. Gané un premio una vez que te organizaban una exposición, después otro que te daban algo de dinero entonces compraba algo más. La gente en la empresa donde trabajaba eran copados, quizás me compraban algún dibujo. Cositas que van ayudando. Me costaba ir a trabajar porque no me gustaba ese laburo administrativo. También le puse ganas. Siempre iba a almorzar y dibujar al bar de la Cárcova, que quedaba a la vuelta de la empresa. Ahí conocí a Alfredo Benavidez Bedoya, importante grabador argentino, rector en ese momento, que después se convirtió en amigo. Cuando me salió una pequeña muestra en el Centro Cultural Recoleta le pedí a él que me haga una pequeña reseña, un texto.

Esa fue la vez que me agarró un frío y dije “las cosas están pasando”.

Me presentó a un galerista, Alberto Elía. Le llevé mi carpeta pero no me dijo algo muy concreto, todavía estaban en la escena de los 80 y esto fue a principio de los 90. Luego de 6 meses vino a un taller que alquilaba con otros 2 artistas y le gustó. Comenzamos a trabajar juntos, me llevó a ArteBa y me salió una beca del Fondo Nacional de las Artes para ir a Méjico. Esa fue la vez que me agarró un frío y dije “las cosas están pasando”. No sabía si renunciar, eran momentos complicados. Me hicieron la gamba y me echaron así me llevaba algo de plata. Como eran dólares en esa época y yo vivía con mi vieja, tenía bastante ahorrado, sumado a la indemnización tenía para estar dos años más o menos sin trabajar formalmente. Así que me fui a Méjico, fue una experiencia buenísima. Cuando volví realicé mi segunda muestra con Alberto y vendimos casi todo.




-¿Qué influencia tu obra?

En un principio fue el grupo CoBrA. Estaba más dark en ese momento. El haber vivido en Liniers, el olor a choripán, provincia/capital, las santerías, la cumbia, el barrio boliviano, la general paz, la iglesia. El barroco. Todo me influenció mucho. Méjico me flasheó mucho cómo vivencian la muerte, el muralismo, no me costó estar allá.

-¿Quién es este personaje que se encuentra presente en muchas de tus obras?

Hay algo que siento que es conector en mi obra que es la línea, lo gráfico, el dibujo. Me fui armando mi mundo. Empecé a ver la reiteración de un personaje que fui pensando, y me fui armando historias, de escribir un poco de él. Siempre escribí después o antes de dibujar. Hoy en día lo sigo haciendo con mi mujer que es poeta. Entonces empecé a escribir sobre este personaje que se llama MataSiete. El siete es el número mágico y el Mata que es un matón, que se encuentra en la zona sur de Buenos Aires, medio por Barracas, La Boca. Es un personaje que le gusta las bebidas blancas. En ese lugar lo increpaba otro matón y en frente de mucha gente le muestra su cuchillo y le dice “vamos a pelear”. MataSiete muy tranquilo se toma su caña, no le presenta duelo y se ve. El otro se burla le dice “al final es un cagón”. Al otro día aparece muerto por siete puñaladas y todos lo relacionan con MataSiete. Cuando lo van a buscar le dicen que muestre su cuchillo, lo muestra y dice “mi cuchillo está limpio, como todo lo que hago”. No se sabe si lo mató o no, aunque yo creo que si, pero no tiene la necesidad de mostrarlo. Lo veo como un justiciero, como que hace lo que tiene que hacer. Algunas veces no sé si son todos MataSiete. En estas últimas series estoy con este personaje verde que es una especie de monstruo “El devorador de hombres”.


Me sirven para construir un imaginario, los relatos mágicos. La muerte/el guardián; los cruces de miradas; el negro/los colores; la religión ¿quién dibujó el primer diablo? ¿quién definió el mal?; lo sexual; lo popular; la resistencia.


-¿Cómo te sentís con la docencia?

Luego de las exposiciones que realicé a los 23 me empezaron a preguntar si daba clases. Entonces fui armando con 4, con 6 personas y se fue duplicando y me gustaba, no me costaba. Hoy la docencia ya es cuerpo de mi obra, tengo un método y me encanta. Los talleres empiezan en marzo y terminan en diciembre, son 10 meses de laburo. Hoy en día tengo 3 grupos, trabajo con cada artista dependiendo del proyecto acompañándolos en sus producciones. También está el sistema de clínicas que son individuales de tres horas, para gente que no quiere laburar en un taller. Mucha gente del interior, que se está por presentar en alguna beca entonces vienen a hacer algo a Buenos Aires entonces me llaman y nos juntamos.


-¿Cómo hay que presentarse hoy en las galerías?

Y primero tené producción. Saber qué hacés. Después ir tranquilo, ver viendo qué pide esa galería puede ser un primer acercamiento por las redes, otras veces en muestras, depende. Pero sobre todo estar preparados, reflexionar. Después ver si es en PDF, si es un CD, tenerlo traducido, tener una web, etc. Quizás te preguntan “definime en una frase tu proyecto”... y tenés que saber. En mi talleres hablamos también de cómo redactar, de cómo crear una memoria descriptiva, cómo resumir en un párrafo un proyecto para una beca o lo que sea.


-¿Cuáles artistas te inspiran hoy en día?

Mis bases son el arte argentino. Marcia Schvartz, Santoro, Max Gomez Canle, Stupía, Felipe Noé, León Ferrari, Lola Mora, Raquel Forner -gran artista mujer, increíble-, Roberto Aizenberg (amo). Tengo la suerte de que los vivos son mayormente amigos, algunas veces nos juntamos para hablar de arte. En mi libro muchos de ellos escribieron, así que está bueno.


-¿Qué es el arte contemporáneo para vos?

Me parece que es difícil de definir porque es lo que está sucediendo, está en constante movimiento. No lo etiqueto como “tal etapa”. Quizás haciendo una revisión de los últimos 5-10 años uno empieza a entender qué es lo contemporáneo, qué decantaron, qué de esos años fueron movimientos interesantes, cuáles artistas impactaron. Si siento que el artista debe ser alguien curioso y observador. Ser tranca, el tiempo acomoda, no hay que enojarse en vano. Quizás por más que algo no te guste podés decir “está bueno lo que hace dentro de esa producción”. Y después uno va seleccionando lo que le inspira.